TENGO UN ADICTO EN CASA, ¿QUÉ HAGO?

fileuploads/noticias/ctv_1.jpg 25/10/2021

TENGO UN ADICTO EN CASA, ¿QUÉ HAGO?

Es bien sabido que en los últimos años ha habido un incremento de las conductas adictivas, ya sea de consumo de drogas (alcohol, cocaína, cannabis…) como comportamentales (ludopatía, juegos online, compras compulsivas, etc.).

La adicción es una enfermedad crónica en la que la persona consume, o por ejemplo juega, con el objetivo de disminuir un malestar y obtener una sensación placentera, que en estos casos es prácticamente inmediata, todo ello a pesar de las consecuencias negativas, como perder dinero, aislarse, comer mal y a deshoras, tener problemas de sueño, dejar de ser funcional o útil en el trabajo, etc. El adicto vive sumido en esta burbuja sin ver el daño que está provocando a su alrededor, y como actualmente vivimos en una sociedad en la que todo se mueve muy deprisa, nos cuesta contemplar u observar estas conductas desadaptativas que, a posteriori, acarrean mayores dificultades o problemas.

Cuando ya existe gravedad, en la mayoría de los casos la atención va al adicto, pero no debemos olvidarnos de que los primeros en detectar que existe un problema es la familia. En este artículo nos queremos centrar en ellos y en cómo lo viven, en sus sentimientos. Palabras como desesperanza, impotencia, angustia, incertidumbre, desasosiego, miedo, y un largo etcétera son las que a menudo oímos cuando acuden a consulta.

Los relatos de los familiares se centran principalmente en las dudas sobre el estado físico de la persona, las quejas sobre las mentiras o las discusiones sobre los gastos económicos, pero también aumento de la responsabilidad y el tener que resolver incluso problemas de mayor índole cuando éstos se producen (como papeleos por accidentes). Aumentan la atención y la vigilancia hacia el adicto, además de tener que encargarse del resto de responsabilidades, lo cual conduce a un agotamiento físico y emocional, ya que la situación se hace casi insostenible para vivir. El familiar, además, tiende a culparse del sufrimiento del adicto (“¿Qué estoy haciendo mal?” “¿Cómo no lo he visto antes?” “¿Cómo hemos llegado a esto?”), y por ello intenta por todos los medios resolver el problema. En todo este proceso, se olvidan de sí mismos, consintiendo todo lo que el adicto quiere, y no lo que necesita.

Aunque hay muchos factores que intervienen a la hora de poner remedio a esta enfermedad, no es hasta que el adicto así lo decide que la recuperación va a ser posible. Es de especial relevancia el papel de las familias, pero hay ciertas actitudes o conductas que, con la creencia de que así puede recapacitar, no dan el resultado esperado. Se debe tener en cuenta que es una enfermedad, y gritar, discutir, o confrontarles con el problema puede, de hecho, ser más perjudicial y empeorarlo, ya que el adicto tiene la tendencia de aumentar el consumo para evitar el malestar de dicho enfrentamiento, y en muchos casos culpan a la propia familia de lo que les pasa.

Nos encontramos con que tenemos un adicto en casa. Hemos discutido con él, hemos gritado, le quitamos el dinero, le dejamos de hablar, o incluso hemos podido llegar a las manos, pero nada funciona. A no ser que exista una incapacidad, el adicto tiene conciencia de sus propias decisiones, y es fundamental el hecho de que quiera abandonar la conducta adictiva y retomar su vida, momento en que debe realizar múltiples cambios, que puede hacer por sí mismo.

Desde una perspectiva terapéutica, a excepción de la violencia, estos métodos no se consideran inadecuados, pero sí se ve que estos límites no se mantienen en el tiempo (por ejemplo, te quito el dinero una semana, pero luego lo vuelve a tener disponible, o castigo, pero perdono en cuanto piden disculpas), y debemos tener siempre en cuenta que es una enfermedad recidivante, es decir, tiene muchos altibajos y una de sus características principales es la manipulación para ese beneficio. Por ello, siempre se recomienda que cualquier límite o consecuencia que se imponga debe mantenerse fijo y estable en el tiempo.

Otra de las cosas que tenemos que tener en cuenta es que la adicción pasa por una serie de etapas, y cada una ellas nos exigen unas respuestas acordes a la etapa en la que se encuentra el adicto. Esto requiere de gran esfuerzo mental y emocional, al verse alterado nuestro bienestar, pues el cambio puede que no llegue como se espera, lo cual aumenta la impotencia y desesperanza.

Los distintos estudios científicos se muestran de acuerdo en que es muy complejo abordar todas las áreas que afectan al adicto, solo desde el entorno familiar, sobre todo cuando existe la negativa a recibir ayuda.

En aquellos casos en que la repercusión es ya grave, se debe valorar la necesidad de acudir a tratamiento, donde un profesional trabaja desde la objetividad, tanto sobre el propio paciente, como sobre los familiares, que deben colaborar conjuntamente y cumplir con las recomendaciones que se indican.

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