Alcoholismo en personas mayores

fileuploads/noticias/sin-titulo-2.jpg 02/06/2021

Alcoholismo en personas mayores

Ya es bien sabido que el consumo de alcohol está altamente normalizado en nuestra sociedad. La edad media en la que empezamos a tomar alcohol, en una situación social, está en torno a los 14 años y, quien más o quien menos, mantiene un consumo social a lo largo de los años, pudiendo variar tanto en cantidad como en frecuencia (en verano aumenta ligeramente, por ejemplo). De manera habitual, los estudios demuestran que el consumo medio suele ser de una o dos bebidas al día, pudiendo ser mayor los fines de semana.

En sí, existe la creencia de que el alcohol en pequeñas cantidades proporciona beneficios a nivel cardiovascular, aunque se ha demostrado que estos beneficios se deben más a que los jóvenes también realizan otras actividades como ejercicio físico, revisiones médicas periódicas, mejor dieta, etc. Sin embargo, un aumento en el consumo (o se comienza a tomar todos los días, o en mayores cantidades de golpe) no queda libre de riesgos, ya que puede derivar en alteraciones psicológicas tales como la adicción.

El consumo de alcohol en edades jóvenes y adultos se suele ver como un riesgo para la salud, pero pocos se centran en el consumo en el grupo de población mayores de 60 años o la tercera edad. Se ha observado que, con el aumento de la edad, suele disminuir el consumo de alcohol, pero también se ve que hay un pico de alta prevalencia entre los 65 y los 74 años.

Si nos centramos en la tercera edad, encontramos que algunos autores describen el abuso del alcohol, así como el alcoholismo en las personas de 60 años o más, como la epidemia silenciosa. De hecho, en los últimos años el diagnóstico de un trastorno por consumo de alcohol en mayores de 65 años se disparó un 107%. Esto es debido a que muchos adultos mayores mantienen el consumo de alcohol que han ido adquiriendo en otras épocas anteriores de su vida sin darse cuenta que el mismo, según va avanzando la edad, les hace tener mayores riesgos de sufrir enfermedades o un mayor deterioro, debido, entre otros factores, al aumento de la sensibilidad al alcohol y la disminución de la tolerancia al mismo por parte del cuerpo. El aumento en el tiempo libre tras la jubilación hace que se incremente la cantidad de alcohol “la mayoría de los nuestros mayores pasan ahora el día en el bar, bebiendo más temprano, cuando antes solo bebían después del trabajo o en ocasiones sociales por las noches con amigos”

A estas edades, el alcohol se vuelve más tóxico, además de que se puede confundir el consumo de alcohol con otro tipo de trastornos que habitualmente están relacionados con el envejecimiento, como pueden ser problemas de equilibrio o caídas. Teniendo en cuenta que las personas mayores de 60 años suelen empezar a tener pequeños problemas de salud generados por el deterioro, nos encontramos con que hay una asociación entre el consumo de alcohol y la ingesta de medicamentos en estas edades, lo que puede generar consecuencias negativas para la salud.

Encontramos también otras consecuencias generadas por el consumo de alcohol en este grupo de población, como más accidentes de tráfico, disminución de la memoria a corto plazo, o empeoramiento de los problemas de salud ya existentes. A medida que envejecemos perdemos masa muscular y tenemos menos agua en el cuerpo, lo cual hace que la concentración de alcohol en sangre sea mayor, y el hígado tiene menor capacidad para procesarlo (sobre todo en el caso de las mujeres), además de la interacción con medicamentos de uso diario que pueden generar problemas de tensión arterial elevado o enfermedades cardíacas.

Además, si el inicio del consumo es en edades tempranas, nos encontramos con un consumo muy prolongado en el tiempo y que si es excesivo, existe mayor riesgo de enfermedades como el síndrome de Wernicke (provocado por un déficit de tiamina en el organismo), que produce letargo, desatención, abulia y trastornos de la memoria, así como el síndrome de Korsakoff, caracterizado por una amnesia anterógrada (incapacidad para generar nuevos recuerdos) así como retrógrada (incapacidad de recuerdo de eventos anteriores),  un posible Alzheimer precoz, que es de mayor gravedad y deterioro más rápido y severo, o algunos tipos de cáncer (hígado, páncreas o vejiga).

Finalmente, se es más propenso al desarrollo o empeoramiento de algunas condiciones de salud como la diabetes, la tensión arterial, la osteoporosis, úlceras estomacales, o riesgo de derrame intracraneal.

Como puede verse, el consumo de alcohol va aumentando los riesgos a medida que envejecemos, siendo peor al tener más tiempo libre y menos actividades o quehaceres a diario, y pudiendo desarrollar enfermedades graves, y pudiendo llegar a requerir atención o vigilancia permanente, incluso ingresos por dependencia.

Si usted o un familiar considera tener un problema con el consumo de alcohol, el Centro de Tratamiento Valle del Tiétar ofrece tratamiento individualizado que trata el alcoholismo y las enfermedades derivadas, hasta retomar una vida lo más normoadaptada a sus necesidades y condiciones.

Nuestro centro permite actualmente ingresos disponiendo de medidas de seguridad ante el coronavirus

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