El poder de saber decir que No

fileuploads/noticias/diseno-sin-titulo-4.png 02/09/2022

El poder de saber decir que No

Son las 16:30h, tú ya te estás preparando casi para cerrar el ordenador y poder irte a casa, cuando llega tu compañero, te planta una pila de papeles en la mesa y te dice “El jefe necesita el informe de datos para el cliente para mañana a primera hora y yo me tengo que ir, ¿Me lo terminar tú, por favor?”. Te pilla por sorpresa y, claro, como es un buen compañero, tú solo pones cara de pena y dices “Sí, claro, sin problema”, aunque por dentro estás pensando que no te pagan suficiente para esto, pues te vas a tener que quedar hasta tarde (adiós clase de spinning).

Otra situación. Estás saliendo por la puerta de casa y ves que se acercan esos vecinos mayores tan encantadores, y sin saber cómo, te quedas al cuidado de su perrita mientras ellos se van de vacaciones. Total, son sólo unos días y el perro te conoce y es muy tranquilo, dicen.

En el día a día nos suceden un montón de situaciones en las que nos encontramos respondiendo que sí a las peticiones de los demás, aunque en el fondo queramos decir que no, porque no queremos, porque nos parece injusto o porque no nos viene bien en ese momento.

El ser humano es un ser social que necesita relacionarse con los demás, y en esas relaciones nos movemos en la dualidad de dar y recibir. Nos enseñan desde pequeños que debemos ser amables, cordiales y generosos, no pudiendo quedar nunca mal. Y eso lo asociamos a que no podemos negarnos a las cosas que nos incomodan o no nos convienen, lo cual, a largo plazo nos convierte casi en esclavos del “si” que nos lleva a mayor incomodidad personal (Baja autoestima, sentimientos de impotencia, creencias de que se aprovechan de nosotros…). Existen muchas razones por las que nos cuesta dar una negativa, como el temor a ser egoístas o a la opinión ajena, porque no queremos herir los sentimientos de aquel que nos pide algo, por compasión (como en el segundo ejemplo, ¿Se queda el pobre perro solo? Qué pena), porque nos exigimos a nosotros mismos demasiado (“Tengo que poder con todo lo que me echen”) o por el simple hecho de que es más fácil afirmar algo a tener que dar explicaciones de por qué nos negamos.

Pero el saber decir un “No” a tiempo nos puede evitar muchos problemas mayores, además de que es una demostración de hasta dónde marcamos los límites de valía personal para con los demás. Esto no quiere decir que nos debamos volver unos egoístas y ahora tengamos que rechazar todo, pero no podemos permanecer en el polo opuesto del “Sí” permanente, volviéndonos víctimas de nuestra propia bondad. Se trata de no dejar que los demás se aprovechen de nuestra bondad o agradecimiento, y por eso es necesario aprender estrategias para frenar cuando sentimos que esto ocurre, y no permitir que nos manipulen de manera constante al beneficio del otro.

Obviamente, hay que aprender a decir que no, lo cual es un proceso que lleva práctica. Es importante tener en cuenta que los demás se pueden enfadar cuando digas que no, e intenten continuar intentando conseguir el favor, y debemos aceptarlo, pero no por ello cambiar de opinión.

Cuando decimos que no hay que considerar ciertos aspectos:

- Se debe transmitir la negativa de forma clara y rápida.

- En la mayoría de las ocasiones no hace falta dar grandes explicaciones: no tienes por qué justificarte.

- No hay que solucionar el problema del otro, aunque puedes aconsejar si es necesario

- No pongas excusas ni mentiras

- No pidas que te comprendan

Volvamos a los ejemplos:

- Compañero: “El jefe necesita el informe de datos para el cliente para mañana a primera hora y yo me tengo que ir, ¿Me lo terminas tú, por favor?”

- Empleado: “No, lo siento”

- Compañero: “¿Y eso por qué?

- Empleado: “Tengo otros documentos importantes que terminar y ya va a ser la hora de salir” Lo siento, pero no te puedo ayudar

Lo que se espera a continuación es que el compañero insista, y en estos casos lo que debemos hacer es la denominada técnica del disco rayado.

- Compañero: “Pero tengo mucha prisa y es un cliente importante”

- Empleado: “Ya he dicho que lo siento, tengo otras cosas que hacer”, y vuelves a fijar la mirada en tu ordenador, sin más palabras. 

En todo momento debemos ser simpáticos y amables, pero sin dejar de lado la negativa. Sin embargo, en muchas ocasiones las peticiones nos pillan por sorpresa y no nos dejan ni pensar, cuando ya nos vemos contestando que sí. No siempre es necesario mantener la palabra, siempre podemos cambiar posteriormente de opinión, sobre todo cuando el favor nos ha pillado por sorpresa, cuando nos hemos sentido presionados a decir que sí, o cuando vemos que nos han engañado. Si consideramos que no vamos a poder realizar el favor o ruego que nos piden, o no te ha dado tiempo a poder pensar en las consecuencias que ha tenido para ti (como por ejemplo quedarte con un perro una semana cuando tienes un horario laboral complicado y va a estar solo la mayor parte del día), podemos recular y explicar por qué no podemos cumplir con lo acordado. En esos casos, es importante seguir mostrándote dispuesto a ayudar planteando otras soluciones, manteniendo así la confianza, y siempre intentando no ofender.

- “Lo siento señora García, pero el otro día me pilló por sorpresa. Esta semana tengo mucho trabajo y no estaré en casa, por lo que no puedo quedarme con “Lola”, si quiere puedo estar con ella tres días, para que así tenga tiempo a buscar a otra persona que se la pueda quedar con ella el resto de la semana”.

Finalmente, y para no dar una negativa rotunda a todo aquello que nos solicitan, podemos usar la técnica del “Sí condicional”, donde tu afirmación queda supeditada a una condición (Te hago el informe si tú mañana me ayudas con…), o como método de aplazamiento de la decisión (“Me lo tengo que pensar, lo tengo que consultar con mi pareja, no puedo contestarte hasta que no haya terminado esto…”)

Ahora solo queda ponerlo en práctica, puedes empezar con un compañero de confianza, haciendo ejercicios entre vosotros para coger soltura, o empezar a decir que No ante pequeñas situaciones en las que te puedas sentir más cómo con la negativa, para así reducir los sentimientos negativos que suele producir, que como ya hemos mencionado son el de sentirse egoísta o culpable, o el malo de la película. Pero recuerda siempre, que te quieran más o menos no depende de los favores que hagas.

Esta información es redactada por el personal del Centro terapéutico Valle del Tiétar ubicado en la comunidad de Madrid.

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