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La presencia de una adicción en la vida de una persona se instaura con tanta fuerza que requiere de una fuerte motivación interna al cambio para abandonar la conducta adictiva de manera permanente.  Cuando un individuo se inicia en tal consumo o realiza una conducta compulsiva no valora la repercusión real que esto puede tener en su vida, simplemente se valoran los aspectos positivos y el efecto placentero de la misma. Este balance decisional tan determinado por la observación exclusiva de los aspectos positivos y la ausencia de negativos permite que el consumo avance de tal manera que finalmente da lugar a una dependencia, o lo que es lo mismo, la presencia de una enfermedad crónica dada la alteración bioquímica cerebral que mantiene.

Si bien es cierto que el consumo en las etapas más primarias es enteramente responsabilidad del individuo, teniendo elección plena y consciente de realizar esa acción, ya en etapas posteriores y ligadas a la dependencia esta libertad volitiva va siendo cada vez menor. Así mismo, durante estas etapas más tardías el sujeto comienza a valorar de manera progresiva los efectos negativos reales de la adicción, siendo cada vez menores los positivos. Las dificultades en esferas de su vida; familiar, social o laboral van siendo cada vez más evidentes y la persona adicta va encontrando cada vez más problemas en su vida, generando malestar psicológico asociado a dichos problemas. Sin embargo, el proceso de cambio no se da con facilidad, y a pesar de los problemas que mantiene el individuo en su vida cotidiana pasará por diferentes etapas hasta que finalmente decida abandonar el consumo asiduo.

Las etapas del cambio son las siguientes (Prochaska y Di Clemente):

  • Precontemplación, el individuo no tiene conciencia de tener un problema, justificando la conducta adictiva mediante la negación o la racionalización.
  • Contemplación, existe conciencia de la existencia de un problema, aunque no se pone en marcha ninguna solución para solventar la situación.
  • Preparación, el individuo decide poner solución al problema y se comienzan a hacer pequeños cambios.
  • Cambio, se ponen en marcha los cambios pertinentes y necesarios para mantener la abstinencia; implantación de rutinas de alimentación, sueño o ejercicio físico, entre otros.
  • Mantenimiento, los nuevos hábitos adquiridos durante la etapa de cambio se establecen en la vida cotidiana del individuo de forma permanente.
  • Recaída, si estos nuevos hábitos no se mantienen con tenacidad y persistencia puede haber un periodo de recaída, no significando esto que se vuelva a la etapa de precontemplación nuevamente. Esta etapa no debe valorarse como un fracaso, sino como una fuente de aprendizaje para volver a la fase de mantenimiento siendo conscientes del fallo previo para que la abstinencia sea duradera.

Si consideras que este es tu momento de cambio no dudes en ponerte en contacto con el Equipo de Profesionales del Centro de tratamiento Valle del Tiétar. A través de nuestro programa podrás instaurar en tu vida los nuevos hábitos, así como los cambios internos pertinentes ajustados a tu caso concreto para mantener tu abstinencia a largo plazo. Mediante las etapas de desintoxicación, deshabituación y prevención de recaídas podrás recuperar tu capacidad de decisión y determinar cómo vivir tu nueva vida abandonando los hábitos nocivos mantenidos previamente.

 

Equipo CTVT