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La dependencia a una o varias sustancias o la realización de una conducta compulsiva de manera disfuncional como puede ser la ludopatía o las compras compulsivas son sin dudas patrones de comportamiento perjudiciales y problemáticos en la vida de un individuo. Sin embargo, el problema de la adicción no sólo se ciñe a la conducta adictiva, sino que por el contrario supone un desajuste en otros muchos hábitos y conductas diarias, desde las más simples como puede ser el cuidado básico personal hasta otras más complejas como pudiera ser el mantenimiento de una rutina laboral estable y eficiente.

Cuando un individuo con una adicción decide ingresar en un centro de desintoxicación para iniciar la abstinencia, como es el caso de nuestro Centro de Tratamiento Valle del Tiétar, lo que primero se pone en marcha son cambios en rutinas muy básicas de carácter personal como puede ser una buena alimentación, una adecuada rutina de ejercicio y el cuidado personal diario. Esta será la base que permitirá al individuo fomentar y promover cambios en su vida de mayor envergadura que le permitan establecer una nueva vida y un nuevo funcionamiento vital para favorecer el mantenimiento de la abstinencia.

Lo que resulta evidente, es que existe un cambio en los patrones de comportamiento del individuo durante el consumo y al abandonar el mismo, siendo estrictamente necesario para que no aparezca una recaída. Sin embargo, es importante reseñar que los cambios no sólo son en hábitos y rutinas diarias, sino que existen otros muchos cambios que son más sutiles y menos visibles que implican mayor problema en la etapa de mantenimiento.  Además de modificar de manera externa y estructural, los individuos con una adicción deben conocer su enfermedad de manera global y la afectación a nivel individual, así como un buen autoconocimiento para que su patrón conductual, cognitivo o emocional no ponga en riesgo su abstinencia. Esto último requiere de un trabajo exhaustivo y de larga duración, ya que en la vida de una persona aparecen constantemente nuevas situaciones que requieren de un adecuado conocimiento propio para abordarlas adecuadamente.

La palabra recaída tiene un fuerte impacto en las personas que han realizado un tratamiento para abandonar una adicción, en embargo, el enfoque que se le da al concepto y a la repercusión en sí misma no es del todo adecuada. Si bien es cierto que una recaída puede generar sentimientos de fracaso o culpa en el individuo como una fuerte frustración e impotencia para las personas del entorno, supone una gran fuente de aprendizaje si se controla y ataja a tiempo. Como se viene exponiendo a lo largo del presente artículo, establecer todos los cambios que requiere la abstinencia duradera en la vida del individuo es una tarea larga y constante. Como toda enfermedad crónica, los periodos de recaída forman parte del proceso, lo cual no implica que necesariamente deban existir, pero en caso de aparecer no deben valorarse como un retroceso o la pérdida de todo lo ganado, sino como una forma de comprender errores y adquirir herramientas para no volver a caer nuevamente en ellos en el futuro.

Finalmente es importante reseñar que la forma de percibir la posible recaída tanto por parte del individuo como por parte de su entorno va a determinar en gran medida el abordaje y las consecuencias de la misma. Si la recaída se percibe como fuente de aprendizaje, los sentimientos de culpa y la vuelta a patrones de consumo previos será menos probable que en caso de que se valore como un fracaso y una pérdida de todo lo avanzado, desarrollando un malestar psicológico mayor y haciendo más probable la vuelta a patrones comportamentales previos y a un consumo asiduo, lo que se traduce en un abandono más tajante del cambio y del mantenimiento.  

Recuerda que “errar es de humanos, pero rectificar es de sabios