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El Mundo // ÁNGELES LÓPEZ

Marco no sabría decir cuántas parejas sexuales ha tenido, «¿500?». Su vida sexual empezó hace 15 años cuando vino desde su Venezuela natal a Barcelona. Allí, aunque tuvo algún escarceo sexual con personas de su mismo sexo, no vivió su sexualidad libremente. Sentía que era un error, que él no podía ser así. Tras años de psicoterapia, pudo por fin abrirse en canal con su familia, tener una pareja estable... Sólo le queda, dice, quererse más, valorarse más. Reconoce que detrás de esa carencia, está la falta de precaución, su voracidad sexual, su infección por VIH y por la hepatitis C. Él es uno más de los muchos homosexuales que ahora, más de 30 años después de que el virus saltara a la fama, se topan con una infección todavía rodeada de estigma, incomprensión y equívocos. La vida de Marco (nombre ficticio) no ha variado mucho desde que hace cuatro años recibió la noticia de su infección por VIH: Acude a trabajar, vive con su pareja, sale con sus amigos, mantiene sexo con otros hombres, a veces sin preservativo, y toma la medicación. Como él, más de 3.000 personas reciben el mismo diagnóstico cada año en España, una tasa por encima de la media europea. La mayoría, jóvenes (la edad media es de 35 años) y varones que tienen sexo con otros hombres (60,2%). Desde Stop Sida, una ONG que lleva desde 1986 en activo y que está ubicada en Barcelona, se advierte de que la lectura más fácil es que los gays no se cuidan o que son muy promiscuos, «es curioso porque la promiscuidad solo se ve como positiva en los hombres heterosexuales no en las mujeres o en los gays».

No se habla, en cambio, «de la falta de educación sexual que hay en las escuelas y en las familias. A nuestro centro llegan muchos chicos que no saben cómo hacer una penetración anal, no saben cómo dilatar o cómo usar los lubricantes y, claro, están más predispuestos a la infección por VIH. A los gays no se les enseña, por eso el VIH también es una cuestión de derechos. Stop Sida, a través de sus programas, informa de salud sexual, que va más allá de las infecciones, se trata de cómo vivir la sexualidad, y de cómo se puede ser más feliz. En España, las personas homosexuales siguen con el tema de la culpa, de la vergüenza», explican varios portavoces de esta ONG. Percepción del riesgo Para Ferran Pujol, responsable de BCN Checkpoint, un centro comunitario de diagnóstico de VIH en Cataluña, el estigma hacia la homosexualidad y hacia la infección varía en función del contexto de cada persona. «Yo llevo 30 años con VIH y nunca he sentido estigma, pero es que mi entorno ha sido muy favorable. Si no tienes apoyo familiar, económico o laboral, la cosa es distinta. Sin ese soporte, acabas siendo víctima de tus propios miedos y de la culpabilidad». El estigma hacia el colectivo gay existe porque, según denuncian desde varias ONG, cada vez hay más conductas violentas hacia parejas homosexuales, porque el lenguaje es homófobo, porque no se educa en la pluralidad de la sexualidad. «Hay una relación muy directa entre la discriminación, el estigma y la vulneración de tus derechos con el VIH. Eso te impide quererte, que te cuides, que puedas prevenir la infección. Si te están vulnerando sistemáticamente tus derechos, serás más vulnerable al VIH porque tendrás menos herramientas», sostienen desde Stop sida. Lo que desde otros estamentos destacan es que se está bajando la guardia porque se está perdiendo el miedo al VIH, aunque no descartan que exista una causa subyacente a esto. «Hay muy baja percepción del riesgo. Toda la información que ha habido se puede quedar en aguas de borrajas. Ahora la percepción no es la misma que la que tenía la gente de mi edad», explica Juan Ramón Barrios, presidente de CESIDA, la Coordinadora estatal de VIH y sida, una entidad que tiene presencia en 17 comunidades autónomas. Barrios considera que la gente joven es más vulnerable porque no ha recibido campañas específicas sobre la infección. «Hay que cambiarles el chip porque para ellos ahora todo vale, buscan, como siempre, traspasar barreras. Y cuando les hablamos de referentes históricos en el campo del VIH, como lo fueron Rock Hudson o Freddy Mercury, no les valen porque no saben quiénes son. Como nadie público declara tener la infección, no les llega». Tampoco hay series de televisión o películas recientes que hablen del tema, el virus está ausente. «Si la Administración no toma las riendas, con una educación sexual en los colegios, lo único que podemos hacer desde las ONG es apagar fuegos cuando los jóvenes ya empiecen a tener relaciones». Consumo de drogas Lo que tampoco parece estar teniéndose en cuenta es que los nuevos diagnósticos de VIH están vinculándose cada vez más al consumo de drogas en el colectivo HSH (hombres que tienen sexo con otros hombres, que pueden ser homosexuales o bisexuales). Así lo constata un estudio que forma parte de una tesis realizada por Mar Vera, especialista del Centro Sanitario Sandoval de Madrid (especializado en infecciones de transmisión sexual), que lleva a cabo un tercio de todos los diagnósticos de VIH de esta comunidad. Tras analizar los datos de 1.629 pacientes que habían sido diagnosticados con VIH entre 2007 y 2012 ha comprobado que el 71% de ellos refería haber consumido drogas el año previo al diagnóstico y de ellos el 63% relacionaba claramente las drogas con haber tenido prácticas sexuales no protegidas. «La motivación que está detrás de ese consumo es para mantener encuentros sexuales, desinhibirse o, en el caso del consumo de popeer (un tipo de droga),para dilatación del ano. También algunos hombres que ejercen la prostitución nos dicen que sus parejas sexuales les pagan más si consumen drogas», explica Vera. Los datos correspondientes a 2014 están analizándolos ahora, aunque esta médico adelanta a EL MUNDO que la tendencia continúa y que «cada vez se da en gente más joven. Chicos con 17 o 18 años reconocen haber consumido varias drogas. Con algunas de ellas, además, hay mayor riesgo de transmisión de la hepatitis C, pues comparten jeringuillas». Así cree Marco que fue como se infectó de hepatitis C. «Sólo tomo drogas cuando voy a tener sexo. Pero en ese contexto, me gustan. Hace que dures más, que sea más fuerte. Y sí, a veces no uso el condón». Además del peligro de adicción, las drogas potencian el riesgo de infección, no sólo porque no se use preservativo. «Con ellas, el acto sexual es más largo, de minutos se pasa a horas, el sexo es más duro, más pasional, y es más fácil que se produzcan pequeñas heridas que pueden facilitar la transmisión del VIH», explica el presidente de CESIDA. No es fácil saber qué está detrás de esta tendencia, reconoce Jorge del Romero, director del Centro Sandoval. «Ahora hay una enorme facilidad de buscar contactos, a través de las redes sociales y las aplicaciones se oferta sexo anónimo y muchas veces no protegido. Hay gente que le mola el riesgo. Por otro lado, las drogas emergentes, y las clásicas (el alcohol o la cocaína), de las que ahora hay una gran difusión, permiten desinhibirse y mantener relaciones múltiples. ¿Qué es lo que subyace a eso? ¿La falta de autoestima, pensar que no pasa nada, que nadie se muere de esto o que los fármacos funcionan? No lo sé». Para el codirector de BCN Checkpoint, el problema es que es casi imposible racionalizar la sexualidad. «No somos robots, somos humanos imperfectos. Nos gusta dejarnos llevar. Es muy fácil decir que no lo vas a hacer sin condón pero cuando estás con otra persona estás influido por ella, es posible que al final termines haciendo algo que no tenías pensado». ¿Dónde está la asignatura de educación sexual? ¿Dónde están las campañas específicas para los jóvenes que no tienen referentes de lo que supone la infección por VIH? ¿Qué hace la Administración frente al auge de las drogas emergentes? Esas son las preguntas que se hacen desde estas ONG y centros que viven cada día los nuevos diagnósticos de VIH en España, sin juicios de valor, sin miedos, para enseñar cada año a 3.000 personas cómo deben afrontar su vida ahora, con una infección que se ha cronificado pero que no se ha curado. Se estima que en España hay en torno a 150.000 personas con VIH. Al inicio de la epidemia, «la mitad de los casos se daba en consumidores de drogas por vía intravenosa y la otra mitad en HSH, ahora la proporción es de uno a nueve», explica del Romero. Él, como el presidente de CESIDA o desde las ONG catalanas se preguntan qué no se ha hecho bien. «Seguimos escuchando las mismas preguntas y prejuicios en gente joven que hace 20 años. Aunque se ha avanzado, se ha hecho sobre todo en ciudades como Madrid o Barcelona, que son pequeños paraísos para vivir la homosexualidad, pero en la población general esto no es así, está aflorando la violencia hacia los gays y transexuales. Desde la escuela hay que enseñar que no es normal que te agredan. Hay que empoderar a los gays, decirles que tienen derechos como los demás y que hay que denunciar si esos derechos son vulnerados», afirman desde Stop Sida. Marco admite que no se considero mejor por haber tenido sexo con muchas personas, al contrario. «Creo que es falta de autoestima. Si me quisiera más, no haría lo que he hecho». Centro Terapéutico Valle del Tiétar