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Dr. D. Francisco Arias - Psiquiatra del Centro Terapéutico Valle del Tiétar

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en un cuadro muy frecuente y reconocido en población infantil, sin embargo, ha sido más cuestionada su presencia en población adulta. Actualmente se sabe que muchos chicos con TDAH mejoran notablemente cuando se hacen adultos, pero en un porcentaje elevado de estos el cuadro se mantiene en la vida adulta, unas veces de forma atenuada pero, en otras ocasiones, con un cuadro clínico muy florido. Con frecuencia el trastorno no se diagnostica si no era conocido previamente de la infancia y eso conlleva importantes repercusiones como son mayor problemática laboral, familiar, mayor propensión a accidentes de tráfico y laborales y mayor presencia de otras problemas psiquiátricos concomitantes. Si el niño con TDAH va a tener problemas en el funcionamiento en clase, en la relación con los demás y en casa, el adulto puede tener graves dificultades para mantener y funcionar en su actividad laboral y suelen ser despedidos y estar menos tiempo en un puesto laboral que los compañeros que no sufren de TDAH, además de tener mayor riesgo de accidentes laborales por sus distracciones e impulsividad. Las manifestaciones principales del TDAH son la falta de atención y la hiperactividad y la impulsividad.

Es importante tener en cuenta como se suelen presentar estas alteraciones en los adultos para ser capaces de realizar un adecuado diagnóstico. • Presentación clínica de la falta de atención – No presta atención a los detalles o comete errores por descuido – Tiene dificultad para mantener la atención. – Parece no escuchar – Tiene dificultad para seguir las instrucciones hasta el final. – Tiene dificultad con la organización – Evita o le disgustan las tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido – Pierde las cosas – Se distrae con facilidad – Es olvidadizo para las tareas diarias • Presentación clínica del cuadro hiperactivo/impulsivo – Mueve o retuerce nerviosamente las manos o los pies, o no se puede quedar quieto en una silla – Tiene dificultad para permanecer sentado – Corre o se trepa de manera excesiva; agitación extrema en los adultos – Dificultad para realizar actividades tranquilamente. – Actúa como si estuviera motorizado; el adulto frecuentemente se siente impulsado por un motor interno – Habla en exceso – Responde antes de que se haya terminado de formular las preguntas – Dificultad para esperar o tomar turnos. Interrumpe o importuna a los demás. Cuando consideramos las posibilidades de presentaciones, seguro que todos tenemos en mente algún conocido que se refleja bien en estas descripciones. De hecho se considera que el TDAH se presenta en alrededor de un 4% de personas adultas, es decir, un trastorno más frecuente que otros cuadros psiquiátricos mucho menos controvertidos como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la anorexia nerviosa o algunas adicciones a drogas. Con la reciente aparición de la clasificación americana de trastornos mentales (el DSM 5) ya se acepta que el TDAH se pueda presentar en población adulta aunque se asume que suelen ser cuadros menos floridos, con menos hiperactividad que en los niños. Además la mayor frecuencia en chicos que en chicas que se da entre los niños es mucho menos evidente en los adultos. En las chicas parece predominar mas la falta de atención, mientras que en los chicos se da más la hiperactividad que al ser más fácil de objetivar puede ser en parte una explicación de la mayor presencia del trastorno entre los varones. Sin embargo, a pesar de la evidencias de la presencia de este cuadro entre los adultos, hay muchos autores que niegan la existencia del cuadro, o lo atribuyen a que son personas difíciles o a factores educativos, lo que conlleva el sufrimiento de las personas que padecen este cuadro y de sus familiares, adquiriendo este cuadro un importante componente estigmatizante. Una de los problemas más reconocidos y graves es el mayor riesgo de conductas adictivas de estas personas. El TDAH es un claro factor de riesgo para el desarrollo de la adicción. Existen distintos mecanismos explicativos de esa estrecha asociación pero podrían resumirse en varios apartados: 1. Existe una vulnerabilidad biológica o ambiental común para ambos trastornos. Se ha descrito en estudios de gemelos que pueden estar implicados genes similares en el riesgo de desarrollar ambas enfermedades. Además factores como el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas durante el embarazo podrían ser también factores de riesgo común para ambos trastornos. 2. Por otro lado, está la denominada hipótesis de la automedicación. Los pacientes con TDAH podrían consumir algunas drogas para aliviar algunas de sus molestias, aunque a la larga empeoren otros problemas. Así los psicoestimulantes son un tratamiento de elección para el TDAH, por lo que no es de extrañar que muchos pacientes con TDAH refieran efectos positivos con la cocaína, las anfetaminas u otros estimulantes como la cafeína. Además es posible que al igual que hacen los tratamientos empleados para el TDAH, estas drogas puedan corregir algunas alteraciones neurobiológicas del TDAH. 3. Por último, las manifestaciones cardinales del TDAH podrían favorecer el consumo. La impulsividad y el fallo en la inhibición conductual que debería realizar el cortex prefrontal en los pacientes con TDAH van a favorecer la aparición de conductas impulsivas como la adicción. El fallo en el control inhibitorio sobre estas conductas propias del TDAH se considera que es una explicación destacada de la mayor prevalencia del consumo de todas estas drogas y también de otras conductas adictivas como la ludopatía. Los circuitos frontoestriales están alterados en ambos trastornos, por lo que no es de extrañar que dicho funcionamiento anómalo pueda favorecer ambos cuadros, así se ha descrito que en los pacientes con TDAH, existe una mayor capacidad de refuerzo por el consumo de drogas y, por lo tanto, un mayor riesgo adictivo de estas. Son sujetos con mayor vulnerabilidad al consumo de todo tipo de drogas. Las drogas psicoestimulantes como la cocaína pueden usarse en parte con fines de automedicación pues observan mejoría en sus déficits atencionales, en consonancia con el uso de psicoestimulantes para el tratamiento de este trastorno. Pero son sujetos que consumen con mayor frecuencia que la población general otras drogas como el alcohol o el cannabis. Por un lado, estas podrían mejorar algunos síntomas del trastorno como la inquietud, la sensación de estar acelerado, pero, por otro lado, van a producir un empeoramiento a medio-largo plazo de los problemas cognitivos de estos pacientes, con empeoramiento de la atención, la memoria y las funciones ejecutivas. La comorbilidad del trastorno adictivo y el TDAH hace que empeore el pronóstico de ambos trastornos con repercusiones más negativas sobre el estado cognitivo, emocional y las limitaciones funcionales del sujeto. El tratamiento debe de realizarse de forma integrada de ambos trastornos, preferiblemente por el mismo equipo terapéutico. No puede esperarse que esté deshabituado para tratar el TDAH pues el tratamiento fallará. La dificultad para el cese del consumo y las recaídas son mayores en estos pacientes. El tratamiento consiste en medidas psicoterapéuticas fundamentalmente de tipo cognitivo-conductual y en tratamiento farmacológico específico para la adicción y para el TDAH, en este caso habría que considerar el metilfenidato y otros psicoestimulantes y, por el menor riesgo adictivo y posiblemente mayor eficacia en esta población, el uso de un fármaco no psicoestimulante como la atomoxetina. Por lo tanto, la creencia en muchos sectores de la población de que el TDAH es un invento de la industria farmacéutica para vender fármacos debe de eliminarse por el daño y sufrimiento evidente que padecen estos pacientes y el estigma que estas concepciones conllevan, además de negarles a los pacientes la existencia de alternativas terapéuticas altamente eficaces que podrían aliviar dicho malestar. Centro Terapéutico Valle del Tiétar