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27-02-2016 Por Dña. María Fernández (Psicóloga CTVTIétar)

Definida por la OMS en 1964 como enfermedad física y emocional, la adicción es un estado de intoxicación periódica y crónica producida por el consumo repetido de una droga natural o sintética, cuyas características son: el deseo dominante de continuar consumiendo y obtener la droga por cualquier medio, la tendencia a incrementar la dosis, el consumo a pesar de los efectos nocivos para el individuo y la sociedad, y la dependencia física y psicológica, con síndrome de abstinencia si se retira la droga. En la actualidad se acepta como adicción cualquier actividad que el individuo sea incapaz de controlar, llevándole a conductas compulsivas y prejudiciales para su calidad de vida, y que conducen a un estado psicofisiológico caracterizado por la modificación del comportamiento a causa de dicho impulso irreprimible por consumir. Pero, ¿Por qué se produce la adicción? ¿Qué ocurre en el cerebro de una persona para que termine siendo adicto y no pueda parar? Algo ocurre tras el consumo repetido de una droga, o la exposición continuada a un mismo estímulo. La dosis que en un principio producía euforia o relajación ahora resulta ahora insuficiente, convirtiéndolo así en una necesidad. El consumo repetido produce cambios en la estructura y función de las neuronas del sistema de recompensa cerebral, siendo estos cambios estables durante días, meses o incluso años. Se han realizado diferentes investigaciones en animales con el fin de estudiar el comportamiento adictivo (compulsivo) a nivel cerebral. Así, los animales tenían que aprender a apretar tres palancas: - Recibir una infusión de droga - Recibir sal inocua - Recibir alimento Se pudo ver en las investigaciones que los animales rápidamente se habitúan y aprenden a autoadministrarse droga (cocaína, heroína o anfetaminas, entre otros tipos). Algunos renuncian a la comida o al sueño, llegando a morir por agotamiento o malnutrición. Tras un aprendizaje se les elimina la recompensa de la droga, y los animales se administran alimento, pero su cerebro no olvida el placer.

Así, un animal “limpio” vuelve al consumo en cuanto se le permite administrarse droga nuevamente. Del mismo modo, se observa el comportamiento compulsivo de deseo de consumo cuando se le encierra en una jaula en la que asocie dicho consumo, o se le presenten los mismos tipos de estímulos pero a dosis bajas (estimulación visual ambiental). Todos estos comportamientos se producen directamente por el papel que ejerce el sistema de recompensa cerebral (que dispone de su propio circuito neuronal) sobre la conducta. Los mecanismos psicológicos y de conducta ligados a la recompensa son claves para la supervivencia, pues no solo intervienen en el comportamiento adictivo, sino en las conductas cotidianas como el hambre, la sed, el deseo sexual y el aprendizaje. En el caso del consumo de drogas, el circuito neuronal de recompensa o gratificación se activa de manera anormalmente intensa, induciendo el aprendizaje de la conducta de consumo. Desde un nivel físico, el circuito de recompensa está formado por neuronas y proyecciones de las mismas que utilizan la dopamina como neurotransmisor (neuronas dopaminérgicas). Estas neuronas se encuentran en el denominado Área Tegmental Ventral (ATV, en la parte profunda del cerebro) estableciendo conexiones con otros sistemas cerebrales muy importantes en la recompensa, las emociones o el aprendizaje (núcleo accumbens y sistema límbico). Es de especial relevancia en las adicciones la conexión entre el ATV y el núcleo accumbens. Las drogas producen un aumento de los niveles de dopamina en este núcleo de dos a diez veces mayores a los que son causados por estímulos de recompensa naturales (alimentación). Cualquier droga, independientemente del efecto que produzca, provoca que el núcleo accumbens reciba una gran cantidad de dopamina y otras Las neuronas están formadas físicamente por axones, encargados de transmitir los mensajes eléctricos. Cuando una neurona del ATV se excita, transmite un mensaje a lo largo de su axón hasta el núcleo accumbens. La señal emitida determina que se libere dopamina desde este axón hasta el axón de la neurona situada en el núcleo acumbens. Para apagar posteriormente la señal emitida, la neurona del ATV reabsorbe la dopamina de la hendidura sináptica y la reempaqueta para usarla en otra ocasión. La cocaína, o cualquier otra droga, impiden temporalmente que la dopamina sea reabsorbida por la neurona del ATV, posibilitando así ese exceso de dopamina en el núcleo accumbens, de ahí que la recompensa y la sensación que produce la droga sea más intensa. Pero además de proporcionar ese aumento de dopamina, inductora de euforia o relajación y mediadora de recompensa inicial y de refuerzo de la misma, las drogas ocasionan otras alteraciones cerebrales, permitiendo que con el tiempo, este circuito de recompensa ATV  núcleo accumbens, se adapte al consumo repetido. Se ha de tener en cuenta que no sólo este proceso es relevante en el consumo repetido de una droga, sino que además intervienen otras muchas áreas cerebrales, que hacen que en su conjunto el consumo de una sustancia se repita en el tiempo y produzca una adicción. Así, el circuito de recompensa opera con otras regiones para conferir emotividad a una experiencia, y dirigir la respuesta a la conducta deseada, como la amígdala (que ayuda a valorar si una experiencia resulta o no agradable, y por tanto se debe repetir), el hipocampo (encargado de registrar los recuerdos de la conducta), o la corteza prefrontal (que coordina y procesa la información, determinando el posterior comportamiento del individuo). El consumo repetido de una droga determina que el sistema de recompensa cerebral produzca unos mayores niveles de dopamina (neurotransmisor del placer). Esto, unido al funcionamiento de otras regiones cerebrales, determina que la conducta de consumo continúe, llegando a un punto en que la alteración neuroquímica es tal que el individuo no puede parar, se hace adicto. Las investigaciones siguen siendo determinantes a día de hoy, pues es relevante también el contexto, la experiencia y el entorno social de cada individuo. Además, estudios recientes prueban que existe un componente genético que determina la probabilidad de que una persona termine siendo adicta. Actualmente se está trabajando sobre la neuroquímica farmacológica que permite un adecuado funcionamiento cerebral y determina la desintoxicación e impide la recaída en el consumo, aunque los estudios son muy recientes y requieren de mayor investigación. Centro Terapéutico Valle del Tiétar.