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18-07-2016 El Mundo

La droga sintética con la forma del personaje infantil arrasa este verano por su bajo precio y su alto efecto entre los jóvenes •El laboratorio de la ONG Energy Control analiza una pastilla para este reportaje de EL MUNDO y concluye que es éxtasis. La música estimula el viaje cósmico por el universo rosa. «No te vayas, Kitty, juega conmigo». El estribillo de la canción de Avril Lavigne se oye de fondo. Y Kitty juega con tu cuerpo. Y con tu mente. La sensación de cansancio se esfuma a la misma velocidad que la medición del tiempo. Los pies flotan dentro de una burbuja irreal y la ternura del personaje infantil, que ya está asentado en el estómago, modifica las estructuras de la lógica y de la timidez. Dan ganas de abrazar a la gente. La euforia controlada se dispara dentro de esa paz interior que buscaba Kurt Cobain al aislarse del mundo gracias al éxtasis. La diferencia es que la droga que consumía el cantante de Nirvana no tenía forma de Hello Kitty. La marca del famoso personaje japonés creado en 1974 se vende en diferentes productos en 60 países.

Lo primero que se hizo fue un monedero de vinilo. Ahora, la silueta de la niña con un lazo en la oreja izquierda, aparece hasta en pastillas de MDMA (éxtasis). El chico del distrito madrileño de Tetuán que vende la pastilla a cinco euros dice que este verano está triunfando bastante. «Es muy barata y el efecto te puede durar seis horas. Ahora, con todos los festivales de música, los chavales me compran un montón», dice este joven que se saca un sobresueldo al mes vendiendo esta droga sintética. Lejos de la simple anécdota de la forma de esta pastilla, el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías alerta de que en el último año ha aumentado el consumo de MDMA entre los jóvenes europeos, de 16 a 29 años. Sobre todo, las drogas de diseño que llevan esta sustancia. El contenido es el mismo, pero con un formato cada vez más atractivo y con colores llamativos: las Superman -rojas y triangulares con el logo del superhéroe- o las clásicas Mitsubishi. En la puerta de atrás de la sociedad se encuentran con todo tipo de dibujos y hasta con forma de pene. El Observatorio cifra en 560 el número de nuevas sustancias monitorizadas en los últimos cinco años. El consumo de éxtasis en polvo (llamado cristal) ha bajado y se ha disparado el de estas pastillas con una concentración y pureza más alta. «Más del 60% del consumo joven se produce vinculado con la diversión, son consumidores recreativos», afirma Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Pero, en España, según el último informe del Plan Nacional sobre Drogas, no hay que alarmarse. En comparación con otras sustancias como el cannabis o la cocaína, el consumo del éxtasis es minoritario: tiene una prevalencia del 1,4% entre los 15 y 34 años de edad, cuatro décimas superior al promedio de la UE. El camello de las Hello Kitty dice que a él se las mandan desde Holanda por correo. Las pasa en una diminuta bolsa de plástico de las que te venden en los locales chinos por 10 céntimos. Ahora tiene un pedido de 32 pastillas con el que ganará 160 euros. Un grupo de ocho estudiantes quiere alterar su conciencia en uno de los 110 festivales que se celebran este verano. Van a pasar cuatro días. Una Hello kitty para cada noche. La mitad al principio del botellón y la otra mitad al amanecer. «Lo único que recomiendo es que estén bien hidratados, porque las pastillas suben bastante, rápido, se suda mucho por la euforia y la boca se seca», aconseja el chico que trafica con la droga rosa. El laboratorio que Energy Control tiene en Madrid es un programa del área de drogas de la ONG Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD). Acaban de cumplir 19 años trabajando por la reducción de daños entre los consumidores de drogas en España. Por eso tienen un laboratorio donde analizan las muestras que les ceden voluntariamente los usuarios. Quieren saber que se están metiendo. Ana Muñoz, coordinadora de Energy Control en Madrid, y Antón Gómez-Escolar, voluntario y con un máster en psicofarmacología, analizan una de las pastillas del camello de este reportaje. No es la primera que ven. «Hemos analizado alguna que tenía dosis muy altas. En España no se está disparado el consumo del éxtasis, lo único que nos hemos encontrado es que las pastillas que están entrando tienen dosis más elevadas de lo normal». El año pasado realizaron 5.000 análisis, el MDMA representó el 37% del total de muestras. Antón coge la pastilla de Hello Kitty y corta un trozo muy pequeño. Después vierte encima varios ácidos. «Si sale negro, es que contiene MDMA». Y de la capa rosa empiezan a salir burbujas negras. Para hacer un análisis más minucioso, hay que esperar unos días para comprobar si la pastilla está también adulterada con otra sustancia. La han llegado a encontrar mezclada con cafeína, anfetamina o algún analgésico. Desde Energy Control advierten de algunos efectos adversos de esta sustancia como son náuseas, calambres o visión borrosa. «El perfil de la gente que viene son consumidores recreativos, puntuales, de todas las edades, que quieren tener información de lo que se van a meter. Nosotros les explicamos lo que lleva, el efecto que tiene, cuanto dura, cómo se debe tomar y con qué lo pueden o no mezclar. Se lo van a meter sí o sí, y estos consejos pueden salvarle la vida. Es un consumo, dentro de lo malo, algo más responsable», explica Antón. Energy Control también instala carpas en los festivales de música, donde analiza al momento la droga que el usuario lleve. El «veneno blanco de la noche» -como bautizaron a la cocaína en los 80- y el cannabis siguen siendo las estrellas en España. Lo último, sobre todo, entre la gente joven, algo que preocupa mucho a los expertos. «El año pasado, de las 22.000 personas con problemas de adicción a las drogas que se atendieron en Madrid, 4.000 tenían entre 12 y 25 años», subraya David Barriopedro, presidente de la ONG Asociación Punto Omega. Ahora, en verano, el problema es el mismo que el de todos los años. «Es un momento de ocio, tiempo libre, diversión, buena climatología y movimientos grupales de fiesta por toda España con las drogas situadas en aquellos lugares donde se entienden que son útiles y se pueden vender», explica Ignacio Calderón, director de FAD. Centro Terapéutico Valle del Tiétar.